12 carboncillos 30 * 30 cm
Luego de jugar con composiciones a través de la opacidad del gouache, me atrajo volver al trabajo con el carboncillo.
El carboncillo es el tipo de dibujo que más se parece a las técnicas liquidas, la operación de difuminado funciona como una analogía muy precisa de las aguadas en tinta, mientras que el uso del canto de una barra de carbón es análogo a la técnica de pincel seco.
Esto determinó una exploración, sobre las dialécticas entre operaciones de construcción de unidad y las de contraste. En este juego de unificar y separar, aparecen formas que se van construyendo a través de este dialogo, y esta idea me produjo mucha curiosidad, porque claramente me remitió a obras anteriores, las que se armaban bajo esta lógica.
El pensar sobre estos juicios, me llevó a desarrollar métodos específicos, con los cuales poder valorar, así como establecer un criterio que diera cuenta de las formas que mas interés me provocaran, el resultado de este criterio fue pareciéndose cada vez mas a formas orgánicas, las cuales a su vez daban cuenta de un tipo de proceso muy autónomo, el que en esta dialéctica sin síntesis de unidad y contraste era capaz de interferirse a si mismo, y este proceso se repite acentuando ciertas partes de la forma, y luego desgastando otras, ganando complejidad de esta manera
Lo que comenzó como un trabajo muy humilde, generó una nueva perspectiva que se abrió a multiples posibilidades, Sin duda que son las cualidades tan rápidas y versátiles del carboncillo, las que permiten acumular operaciones una sobre la otra, apareciendo en esta interferencia formas de un carácter particular capaz de tensionar la causalidad de su propio proceso, logrando una complejidad que se convierte en su propia esencia.
